
Mis ojos han nublado su fijeza limpia frente al mundo dolorido
y han llorado en catarata imparable,
en río revuelto,
en mar encrespado.
Frente al hombre azote de los días y las cosas,
he plantado mi mirada interrogante y revolucionaria
sin apenas entender nada, ni tanto odio.
Ahora dejo caer los párpados, indago hacia lo más profundo,
en la confusión de pasados.
En la oscuridad del instante, un rayo estalla en arco iris
y descubro una luz, una nueva claridad luminosa,
que deposita la esperanza allí donde antes habitaban lágrimas.