
Los instrumentos de navegación preparados, la mar salvaje e imprevisible esperando ser trazada en rutas, el pulso de timonel atemperado... Es hora de partir del viejo puerto en busca de otros más allá de lo imaginado. Atrás quedarán los viejos sonidos, los viejos olores, las viejas actitudes, palabras gastadas, gestos raidos por el uso, esa extraña mirada aprisionada. Los ojos del alma brillan ahora como faros en mitad de la noche. Amanece. Es hora de partir, limpio de corazón, hacia el resto de los días. Y la nave va... |