
Bajo la bóveda gris oscura, voces anónimas se hacen canto
en el imperturbable transcurrir de los días.
Apenas una línea divisoria entre realidades matiza el paisaje
y lo agiganta.
Acallado el silencio, su pulso se transforma en latido y oleaje.
Mece al mundo...
Acuna a la vida...
Nos guarda.